sábado, 11 de enero de 2014

Los «ultras»

VICTORIA PREGO, EL MUNDO 10/01/14



Ni el PSOE ni Izquierda Unida son unos partidos menores y tienen una importancia política innegable en este país. Pero, a pesar de su peso, tienen en su interior fallas enormes que los convierten en partidos con dos o tres discursos distintos y muy graves.

Es inaudito, por ejemplo, que el Partido Socialista en San Sebastián se haya sumado al PNV y a Bildu para decir que las detenciones del miércoles son un obstáculo para «la confianza en que se afiance el proceso de construcción de la paz y la convivencia democrática».
Que ese sea el planteamiento de Bildu entra dentro de lo habitual. Ya no tanto por lo que se refiere al PNV. Pero que todo un Partido Socialista considere que cualquier acción ahora mismo contra la estructura de una banda que no se ha disuelto, que controla con mano firme a sus presos y que pretende imponer sus tesis a toda la sociedad a base de manifestaciones multitudinarias, es un obstáculo para el proceso de paz resulta inaudito.

La Guardia Civil y la Policía Nacional tienen la obligación de luchar contra la banda terrorista, pero ese proceso de paz del que nos hablan parece consistir para el PSE en que se deje en paz a los terroristas para que actúen libremente. La dirección nacional del PSOE debería explicar a sus colegas del PSE que no es decente que los principios se abandonen por tácticas oportunistas.
Pero mucho más grave, por lo que significa de deriva hacia la inmoralidad, es el caso de Izquierda Unida. La «joven esperanza» del partido, el diputado Alberto Garzón, ha tenido a bien calificar ayer las detenciones como un acto de «odio del Gobierno» y en calificar a la víctimas del terrorismo como un hatajo de «ultras».


La víctimas del terrorismo, unas gentes que no han hecho otra cosa que padecer los horribles asesinatos de sus familiares y olvidar cualquier tentación de venganza, son despreciados por el diputado Garzón con un término que significa, en labios de un militante de la izquierda, la peor de las condiciones imaginables. Es una prueba de la verdadera consideración que le merecen. Y no sólo eso. Izquierda Unida de Cataluña anuncia que va a acudir a la manifestación del sábado en San Sebastián convocada por los etarras en apoyo de los presos de la banda. Éste es el panorama.

Estos partidos tienen vocación de gobernar España o de participar en su gobernación. No es posible que las direcciones de los dos partidos consientan actitudes como éstas y las dejen pasar, porque estamos ante una auténtica inversión de los valores que la izquierda ha defendido siempre. La aproximación a los terroristas, en cualquiera de sus versiones, debería repugnar a sus militantes y ser reprendida por sus jefes de filas. En lugar de eso, nos encontramos con un asombroso silencio que nos hace presagiar que, en efecto, los asesinos pueden acabar, como pretenden, en tablas.




Sin vencedores ni vencidos. Con 829 cadáveres, sí, pero de «ultras», dirá Garzón.

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