domingo, 13 de noviembre de 2011

Si alguien va a decidir democráticamente con su voto, las próximas elecciones, serán ell@s. Los defraudados




Votaron al PSOE, pero después de dos legislaturas y una grave crisis económica no lo volverán a hacer

Eduardo Benavides, arquitecto de 35 años, fotografiado en la Plaza de España de Madrid

12 Noviembre 11 - Madrid - Lidia Jiménez
Tras ocho años de gobierno socialista, muchos son los ciudadanos españoles que, aun declarando su tendencia ideológica de izquierdas, no quieren contribuir con su voto a otra legislatura del PSOE. Así de claro. Ni Rubalcaba, ni ningún otro. Se niegan a respaldar en las urnas a su partido de antaño, aunque, en algunos casos, fueran militantes o lo hubieran apoyado «de siempre». Con sus más y sus menos, una decena de personas entrevistadas en diferentes puntos del país, jóvenes y mayores, enfermeras, arquitectos o jubilados, se manifiestan defraudados, decepcionados, hartos de la delicada situación que atraviesa el país, provocada, posiblemente y en parte, por una gestión poco efectiva de la peor crisis económica de las últimas décadas.

Los hasta ahora socialistas se quejan en sus testimonios de un programa incumplido, de la falta de realismo de algunos líderes, de «traición» por parte de miembros del partido, casos de corrupción, recortes excesivos, derroche... O, llanamente, lamentan que sus grandes expectativas (sobre todo en 2004, tras la primera victoria de Zapatero) se hundieran en el fango socioeconómico que asola el país en la actualidad. Los entrevistados aluden a los más de cinco millones de desempleados, al excesivo endeudamiento español. A su vez, desconfían de los países vecinos, reunidos en una débil Europa al borde de su propio precipicio. También se menciona, a las claras, el «voto de castigo» al actual presidente del Gobierno, ya en retirada.

Todos coinciden en un deseo evidente y repetido: el cambio. Para ello, cada cual elige una opción del no tan amplio catálogo. Algunos prefieren no votar, otros lo harán en blanco, los hay a favor de alternativas anti-bipartidismo y otros, directamente, se pasan al PP. «Tránsfuga de urgencia», «por el bien del país», «porque es necesario», alegan con cierto remordimiento ideológico.

«No sé qué hacer»
Desde Talavera de la Reina (Toledo), Lucía Sánchez, nombre ficticio a petición de la entrevistada, recuerda sus años de militancia socialista. La empresaria de 42 años se desencantó por primera vez, según cuenta, «con los primeros escándalos de corrupción» en los 90. Eran los tiempos de Juan Guerra, del «caso Roldán», de Guillermo Galeote... La empresaria, de profundas ideas liberales, se unió entonces a Izquierda Unida (IU). «Pero volví al PSOE en 2004, tras los atentados de Atocha. Continué votando a Zapatero en 2008», relata.

El problema llega ahora. «IU ya no me parece una alternativa, no tiene fuerza suficiente; el PSOE no lo ha hecho bien, está claro... Ahora ha cambiado la persona, Rubalcaba me ofrece más confianza. Mi decepción realmente es sólo con Zapatero y sólo en el sentido económico... Quizás acabe votando en blanco... Realmente no sé qué hacer».

Curiosamente, aunque Sánchez confiesa estar atrapada en la duda, la empresaria confía («y mucho») en la clase política española. «Yo misma he sido voluntaria, conozco a los políticos de cerca, hay algunos que le dedican horas y horas sin ganar un solo euro porque creen en lo que hacen... No todos los políticos son incompetentes, ni todos roban ni engañan... A pesar de todo, espero que la situación mejore».

Sistema fracasado
Menos optimista se muestra, desde Barcelona, la periodista Cristina Carulla, de 27 años. Para ella, la «decepción» es por el sistema en general. Tiene claro que votará en blanco. Tras finalizar un máster, trabajó en México durante tres años. La experiencia lA marcó políticamente. «La gente allí tiene mucho más interiorizado que no serán los políticos los que les saquen de la miseria. Ese sentimiento de emancipación lo noté sobre todo entre los más jóvenes, que tienen mucha más iniciativa que en España. Es cierto que ahí está todo por hacer, pero la diferencia es que ahí sí creen que todavía es posible hacerlo», explica con convicción. «Quizás deberíamos aprender eso y mandar un mensaje a la clase política de que no nos sentimos representados. Estamos viviendo un momento de cambios muy fuertes en todo el mundo: no sólo han cambiado las reglas del juego, sino el juego en sí. Y los únicos que parece no querer enterarse son precisamente los que tienen el poder para que las cosas cambien», añade. «Todo esto es bastante frustrante, ir a votar no hace ilusión», zanja el tema.

La madrileña Nuria González, de 33 años, licenciada en Químicas y empleada en Orange, muestra un criterio parecido. «Creo que voy a votar en blanco, pero sé que contará para la derecha», reflexiona. Su enfado no es sólo contra el PSOE en sí, sino contra las injusticias sociales recientes. «Hay gente que vive en condiciones que el Estado no debería permitir», sostiene. Y va desgranando las críticas: «La Educación no se debería descuidar, últimamente se está focalizando en recuperar sectores para obtener votos... sin soluciones para el paro y las necesidades sociales de muchos. Y, sin embargo, se ayuda a los bancos...». Denuncia los abusos de poder respecto al control financiero. «Faltan inspecciones para saber dónde y cómo llegan las ayudas económicas que se reparten, me consta que se hace indiscriminadamente, cada uno le da a los suyos, mucha gente trabaja en negro –todos lo sabemos–, el descontrol es absoluto y, además, la estúpida picaresca de este país hace que ni siquiera se vea tan mal...».

Indiferencia juvenil

Desde Canarias, A. Q. P., de 25 años, no se come la cabeza, en jerga juvenil, con reflexiones políticas. Esta ex cajera de supermercado, actualmente desempleada, se refiere así al asunto: «Nunca he votado en las elecciones generales. En las de aquí, sí, al PSOE. ¿Que por qué no voto? Porque paso, directamente». Sin más.

Algunos entrevistados no califican la realidad de decepcionante, pero necesitan tiempo «para pensar». Así se encuentra la administrativa vasca I.M.L., de 38 años y residente en San Sebastián. «Siempre me he considerado de izquierdas y me tiraba más el PSOE... Pero ahora no sé qué hacer. No es que me hayan defraudado, pero no esperaba ciertos recortes sociales... quizás no tenían más remedio».

Desde Toledo, una enfermera de Urgencias de 50 años que prefiere no dar su nombre asegura que la situación en los hospitales públicos de la comarca es «alarmante», que no puede aguantar «ni un día más así» y que, a pesar de ser socialista «de siempre», el próximo 20 de noviembre votará al PP. «He llegado a cobrar 3.000 euros al mes, con cientos de horas extra y mucho esfuerzo. Ahora no llego ni a 1.500. Han recortado un 50% de pagas extras, no puedo hacer más jornadas porque las limitan...». «Y si no ganamos, no gastamos y así va la economía», protesta esta madre de familia con dos hijos en la Universidad.

«Yo soy socialista, sí, pero de la gente de Felipe [González], felipista de pura cepa. No soy de ZP [Zapatero] ni de Rubalcaba», afirma. «Está claro que la crisis económica que padecemos es mundial, pero la gestión de Zapatero fue mala». «Además, no hay conciencia de gasto, se despilfarra.... Las mascarillas de alto flujo, por ejemplo, imprescindibles en quirófano para los enfermos más graves, se han agotado. Si me llegara ahora un paciente, habría que derivarlo al hospital», explica desde el centro de salud de Sonseca.

Desde Almería, un escritor de 36 años habla de «desencanto absoluto». «Los políticos viven en una burbuja, de espaldas a la vida real. Sólo hay que mirar para ver. Hace poco leí en un artículo que vivimos en una sociedad foucaultiana, en el peor sentido del término. Yo creo que es cierto. Foucault decía que vivimos vigilados, sometidos a la mirada de los otros, manipulados. Hacemos lo que marca la sociedad consumista e hipercapitalista que nos rodea», cuenta en un tono pausado: «Yo voté PSOE una vez, otras no he votado y este año ni siquiera sé si me acercaré al colegio electoral. Prefiero preocuparme de lo único que puedo controlar, mi pequeña esfera privada: trabajo, lecturas y mis amigos». El arquitecto madrileño de 35 años Eduardo Benavides se declara igualmente «desencantado» y, sin aclarar a quién votará, afirma que «creo que en España hay muchas más posibilidades que PP y PSOE. Ya va siendo hora de que se deje paso a nuevas opciones. No todo es blanco y negro».

Se vota a personas
En los lugares más pequeños, según los propios entrevistados, «se vota más a la persona que al partido», «más a los que te echan una mano que a los piensan como tú». Es el caso de Joaquín Serra, trabajador metalúrgico ya jubilado, viudo de 70 años y natural de Valladolid. Desde 1996 pasa largas temporadas en Lepe (Huelva).

Su hija aprobó las oposiciones de profesora de instituto y fue destinada al municipio onubense. Había pertenecido al sindicato UGT, era militante del PSOE. A finales de los 90, comenzaron a construirse unas viviendas. La familia Serra compró una. Al poco tiempo, se cayó. Literalmente. Según su testimonio, el alcalde socialista de entonces había permitido la construcción sin proyecto ni licencia. «Se lo repartían todo entre unos pocos», acusa Serra, quien acabó ganando el juicio hace pocos meses. «La cimentación era pésima, los ladrillos eran huecos, de los que se usan para las tapias o las casetas de los perros, las viviendas hacían ruido... eso parecía una película de terror», recuerda el damnificado. «Me pasé seis años protestando, denunciando, pero nadie me echaba cuentas», agrega. En 2003 se presentó a la alcaldía un candidato por el PP. «Como él sí me escuchó y es de bien nacidos ser agradecidos, me cargué una mochila al hombro y repartí papeletas para que ganara él». Y así fue. Aquel candidato era Manuel Andrés González, alcalde de Lepe desde entonces y actual presidente del PP en Huelva. «Para mí el PSOE murió cuando sus dirigentes me engañaron. Incluso Manolo Chaves [ex presidente de la Junta de Andalucía] me dijo en persona: “No se preocupe usted, que esto va a solucionarse muy pronto”. Y han pasado 10 años», se rebela Sierra.

Juana M., cocinera extremeña de 50 años, cuenta cómo su cuñada, «socialista de toda la vida», se marchó a Inglaterra hace unos meses «desesperada» por su trágica situación personal. «Tiene dos hijos en paro, el marido también sin trabajo... Dice que no votará por los socialistas ni loca, no quiere ni oír hablar del tema», sostiene Juana. «Le gustaba Zapatero, sí, pero mira cómo nos fue», concluye en pasado.

Cristina Carulla
Periodista, 27 años
Considera que dependemos demasiado de los políticos y que la sociedad debe también tener iniciativas propias para resolver los problemas.

Nuria González
Licenciada en Químicas, 33 años
Sus mayores preocupaciones son la Educación y las condiciones en las que están viviendo algunos ciudadanos.
Eduardo  Benavides
Arquitecto, 35 años
Cree que para solucionar la situación en la que se encuentran España y el resto de Europa no basta con pensar en que se es de izquierdas o de derechas.
Metalúrgico jubilado
70 años
Para él, los políticos son personas y, si en un momento de su vida, quien le ayudó fue un político de PP, el le da ahora su confianza.

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