jueves, 8 de septiembre de 2011

DOS ARGUMENTOS FRANQUISTAS DE LOS NACIONALISTAS CATALANES.

Inclúyase a los socialistas dentro de los nacionalistas catalanes. Comenzando por el propio Gobierno de la nación que, a través de su portavoz, José Blanco, se ha situado hoy al lado de los nacionalistas catalanes en su propósito de desobedecer la ley y continuar impidiendo el uso del castellano en la escuela catalana. O, como decía en el anterior post, de ejercer el franquismo lingüístico, con la imposición de una única lengua, al margen de la ley y de los derechos de los ciudadanos a ser educados en las dos lenguas de Cataluña.



Con un segundo argumento que también es muy franquista, el de lograr la unidad a través de la eliminación de una parte. Y es que los defensores de la inmersión lingüística en catalán afirman que el modelo se ha diseñado así para unir, para impedir que haya dos comunidades separadas por la lengua, el castellano en una comunidad y el catalán en otra. Por lo que se elimina el castellano y problema resuelto.
¡Queda una sola comunidad en catalán!







Blanco ha lamentado que “se utilice la lengua como arma de confrontación, aunque luego se acabe hablando catalán en la intimidad”. O que si usted desea que a sus hijos les enseñen en la escuela en castellano además de en catalán pues, según la ley, usted tiene derecho a una educación en las dos lenguas vehiculares, es que es usted un frentista. O, en términos más campechanos, un “broncas”, y no entiende la unidad que sí defienden los nacionalistas catalanes y José Blanco.



En las últimas horas, el amplio frente nacionalista ha añadido, además, las habituales maniobras de distracción argumental. Como esto de que el castellano no está en peligro en Cataluña, como si ese fuera el tema de este debate, que no lo es. O que es el Constitucional quien debe decidirlo y no el TJSC, a ver si con un poco de lío de tribunales y de competencias nos olvidamos del fondo del problema.



Aún recuerdo mi indignación adolescente de cuando mis padres me explicaban que, aunque mi nombre era Edurne, habían sido obligados a poner Nieves en el registro porque estaba prohibido poner nombres en euskera (nací en 1960) Por supuesto, el euskera, mi lengua materna, estaba proscrito de la escuela. Y, por supuesto también, quienes lo hablábamos o trasladábamos su acento al castellano éramos tildados de paletos, entre ellos, por bastantes de los que luego se hicieron muy nacionalistas.



 Y hemos pasado de eso, de la prohibición dictatorial del uso de una segunda lengua en la escuela a la prohibición democrática de otra lengua en la escuela, en este caso, el castellano en Cataluña. 
¿Qué diferencia hay entre una y otra prohibición?






Algunos dirán que la diferencia está precisamente en la propia democracia, puesto que el sistema de inmersión en catalán ha sido aprobado por el Parlamento catalán. Pero resulta que ese argumento se cae cuando el Gobierno catalán, antes, y ahora de nuevo, tras el auto del TSJC obligando al uso del castellano como lengua vehicular en la escuela, afirma que no va a cumplir la ley. 

No sólo que va a recurrir, lo cual entra dentro del método democrático, sino que va a mantener la inmersión “caiga quien caiga”. O que impedirá el uso del castellano en la escuela al margen de la legalidad, como sea, cueste lo que cueste, digan lo que digan las normas democráticas aplicadas a todos.



¿Dónde está, por tanto, la diferencia con la prohibición franquista?

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