domingo, 15 de mayo de 2011

Ricardo García Cárcel: «Franco no inventó la historia de España»


Su monografía «La herencia del pasado» reivindica una memoria plural y global


Cada generación necesita su propia memoria, su propio pasado, para desenvolverse en las movedizas coordenadas del presente. La historia son los hechos del ayer, los nombres, sucesos y políticas que han organizado o desorganizado los países, las sociedades.

«Franco no inventó la historia de España»
14 Mayo 11 - Madrid - Javier Ors
Pero también toda esa estratografía de polémicas, debates, estudios y monografías que han apilado en los estantes los historiadores y la política. A Ricardo García Cárcel, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, no le gusta la expresión «memoria histórica» en singular. Defiende un plural más conciliador, globalizador, sin sectarismos ni marginados. Le disgusta, también, ese pesimismo secular, enraizado en el alma española. Esa costumbre intelectual de contemplarnos a nosotros mismos como una excepción, un fracaso, una anomalía en el mapa europeo.


Fantasmas y monstruos


Para combatir estas ideas ha escrito «La herencia del pasado. Las memorias históricas de España» (Galaxia Gutenberg). «La ley de memoria histórica no ha cumplido la condición de consenso. Se tenía que haber elaborado con el resto de partidos para que fuera objetiva y no sectaria, no una memoria al servicio de una de las dos Españas. Tendría que englobar a todos, para que los españoles asumiéramos nuestro pasado con sus blancos y negros, con todos los fantasmas y monstruos». Según el historiador, sólo se ha puesto el acento en «la moral del enterramiento de los muertos en el marco de la Guerra Civil». «Estoy a favor de eso, pero se ha instrumentalizado políticamente. Y eso es deleznable. Reinvidicamos los muertos ahora, pero más bien son panteones ideológicos de la izquierda y la derecha. Utilizar así a los muertos es penoso».

García Cárcel defiende una pluralidad. Rechaza la imagen de una historia lineal, predestinada. «Eso es falso». España es resultado de muchas memorias. No sólo de una. Pero matiza: «No todas las memorias históricas merecen crédito. Hay algunas que no son fiables, distorsionan, son falsificaciones. Hay que saber deslindar la realidad de lo imaginario y mítico». Se le pide un ejemplo, y explica todo un fenómeno. «Los compañeros de mi generación estudiamos la memoria del régimen franquista, que estaba cargada de leyendas: Viriato, Don Pelayo, el Imperio... Cuando llegamos a la universidad hicimos una crítica excesiva de estos mitos y dejamos vacíos los altares nacionales de iconos. Contribuimos a laminarlos. Pero la ironía es que eso no se ha hecho en los nacionalismos periféricos. La Historia de España se ha quedado desnuda de mitos, mientras florecen los iconos en los altares de la periferia. Si se cuestionan los mitos, hay que hacerlo con todos. No sólo con los del Estado, también con los del nacionalismo. Si no, es un agravio comparativo deleznable».


Y añade algo más a su discurso: «Los estatutos vasco y catalán ven la historia como un aval de unos derechos históricos que, desde su perspectiva, son las deudas del Estado con las comunidades. Consideran que existen unos derechos esenciales desde la noche de los tiempos y que el Estado debe ahora satisfacer esos agravios por esos míticos derechos. El Estado paga la deuda histórica y nadie sabe de dónde procede, desde cuándo y por qué. Eso pasó con Andalucía. Es una instrumentalización de la historia». Uno de los problemas que subraya García Cárcel es la focalización de la historia en conjunto en la II República, la Guerra Civil y el franquismo, y en los años recientes.


Algo que crea problemas a la hora de reivindicar hechos y personajes del pasado que pervivían en el subconsciente colectivo del país desde mucho antes. «Franco no inventó a Carlos V ni a los Reyes Católicos. Franco no ha inventado la historia de España. El problema es que se le ha atribuido tanto al franquismo, que se ha llegado hasta el nivel de considerar que se ve el origen del pasado ahí. En una visita al Palacio de Carlos V en Granada tuve que explicar que el yugo y las flechas eran un símbolo de Carlos V, que no las había puesto la Falange.


Uno de los errores que se están cometiendo es centrar la memoria histórica en un pasado demasiado reciente. La historia anterior al año 1936 es un desierto historiográfico».


El estudioso recalca las secuelas de un país sin referentes, sin rostros a los que mirar cuando echa la mirada hacia atrás y trata de averiguar de dónde procede. «Todos los países necesitan referentes emocionales con los que se pueda identificar. Se necesitan iconos, pero siempre poniéndolos en su justo papel y dándoles el adecuado ropaje.


España ahora se ha quedado sin ellos; sin embargo, en Francia empieza a suceder lo mismo. Esto se vio durante la celebración del centenario de Napoleón, al que siempre se ha contemplado en esa nación como a un héroe. Era un mito intocable y la Francia multicultural ya lo observa de otra manera. Parece que las sociedades milticulturales no están de acuerdo con esa idea jacobina de tener mitos. A lo mejor esto es un consuelo para España, pero no estoy demasiado seguro».


La gran labor de los hispanistas


Uno de los objetivos de García Cárcel es borrar esa visión nefasta que España tiene de su pasado. «A los hispanistas del siglo XX les debemos que hayan contribuido a derrumbar las invenciones de la leyenda negra. Los historiadores ingleses y franceses han hecho más por eso que los propios españoles. Aquí se ha inoculado el síndrome de la excepcionalidad. Pero existen otras naciones con unas historias tremebundas. Debemos dejar la nuestra en su sitio para evitar errores que se han cometido otras veces. No hay que vivir con miedo al pasado», asegur

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